El globo

 Observaba como jugaba feliz con su globo. Saltaba, lo golpeaba lanzándolo fuerte hacia el cielo pero manteniéndolo sujeto con la cinta roja que su madre había anudado con suavidad a su regordete dedo índice.

Cuanto más lo miraba, cuanto más percibía su felicidad entendía la fragilidad de ese sentimiento. 


El globo podía marcharse volando sin que pudiera alcanzarlo, podría ser culpa suya o un simple despiste pero al perderlo seguro sentiría tristeza. Sin embargo ese simple cordel que su madre ha atado lo mantiene a salvo.


Porque, sin que nos demos cuenta, son quienes nos rodean los que nos ayudan a mantenernos unidos a nuestra felicidad, están ahí para que no se nos escape.


Porque si el globo se desinfla lo podemos hinchar de nuevo, sin embargo demasiada ambición podría cegarnos y hacerlo explotar por tensarlo demasiado.


La felicidad está en lo simple y sencillo, lo difícil es saber ver a quien se lanza a alcanzar nuestro globo cuando se nos escapa y lo hincha cuando nos falta el aliento.


Para quienes siempre sujetan mi cuerda.

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