Era nuevo en la ciudad y, como todos los comienzos, el suyo también resultaba difícil. Aunque le apasionaba Madrid, siempre despierta y con mil planes disponibles, a veces se sentía pequeño ante tanto bullicio y aceleración.
Las mejillas le arden. No puede sofocar la emoción que siente. La emoción que hace brotar las lágrimas sin freno de sus ojos y que le recorren el rostro hasta la barbilla, pese a sus esfuerzos por enjuagarlas con el dorso de la mano. Se mantiene callado, incapaz de pronunciar palabra.
Mi vida, Necesitaba reflejar en estas letras mis sentimientos. Pasarán años hasta que tú las leas, mas estoy segura que reviviré entonces cada palabra con la misma intensidad y amor con el que te las escribo hoy.
Siempre suele comenzar por algo pequeño, una tontería sin importancia que desencadena una gran discusión abriendo antiguas heridas y reavivando pasadas rencillas.