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Kintsugi

Tememos tanto la caída, tenemos tanto miedo del daño que mantenemos el equilibrio en filo del precipicio asustados, sin darnos cuenta de que la única salida es saltar. Y cuando finalmente lo hacemos, nos lanzamos con dudas sabiendo que ya no hay donde agarrarnos aunque aún buscando una roca de la que sostenernos.  Pero llega el golpe. Y nos rompemos. En muchos más trozos de los que esperábamos, con dolor. Y nuestra alma se queda fría pero justo en ese momento renacemos.  Cada cual decide como recomponer sus piezas, yo prefiero lucir mis cicatrices y embellecer con ellas, dejando que un hilo de oro haga la mejor versión de mí.

Loca enamorada

 Entendía bien lo que quería decir esa frase tan escuchada de que te puedes sentir sola aún rodeada de gente, aunque lo realmente importante, lo que a ella le hacía diferente es que también entendía que estando sola puedes sentirte arropada y querida. Supo que sí era cierto que estaba un poco loca pues tenía los pies en el suelo y un abismo en su interior. Porque sin saberlo vivía enamorada .  Locamente enamorada de los cielos despejados aunque la luna no luciera especialmente bella esa noche. Enamorada de los bailes improvisados y desacompasados en el salón. Enamorada de cantar la primera tontería que se le pasara por la cabeza y enamorada de reír sin saber el motivo hasta quedarse sin aliento. Cuando entendió lo enamorada que estaba de la vida dejó de atormentarse por su locura, era genuina y jodidamente genial. Simplemente a una loca enamorada de la vida hay que amarla locamente.

Su media flor

Y eran dos flores muy especiales, difíciles de encontrar pero a pesar de su singularidad el destino quiso ponerlas una junta a la otra. Sus tallos se acariciaban desde el primer momento, se atraían sin remedio a pesar de que una flor abría sus pétalos al sol y la otra crecía refugiada bajo la sombra. Juntas crecieron y enredaron sus tallos de tal modo que a veces vivían a la sombra y otras, la que necesitaba luz arrastraba a su compañera hacia los rayos de sol esperando que entendiera lo maravilloso que ella sentía. Pero no fue así, cada una buscaba algo diferente y se marchitaban tratando de encontrar un lugar común. Poco a poco fueron desenroscando sus tallos, sin apenas darse cuenta, una para poder mirar más al sol y la otra para poder escapar a la sombra. Hasta que llegó un día en el que se habían separado por completo y cada una miraba hacia el lado contrario. Y ambas pudieron florecer de nuevo a pesar de las heridas que quedaron marcadas en sus pétalos.

Recordatorio: de mí para t̶i̶ (mí)

 Para cuando pase el tiempo y se haya ido borrando lo que dejaste atrás. Por si decides volver tu mirada y encuentras entre las sombras del olvido bonitos recuerdos que se resisten a desaparecer y como una estrella antes de morir, brillan con toda su fuerza para impregnarlo todo. Su luz será muy fuerte y puede que te invada la nostalgia, pero es entonces cuando quiero que me recuerdes diciéndote estas palabras. Eso que desde la lejanía parece tan bello ahora, te hizo llorar de rabia y de impotencia. Te devoraba el rencor por las oportunidades desaprovechadas y las heridas abiertas. Te convertiste en una persona fea, duele oírlo, pero es cierto. No eras tú o al menos no la versión de ti misma que querías. Así que no mires más atrás y sonríele al presente que en tus labios es el único lugar en el que encontraras la verdadera luz que debe deslumbrarte. Esa que apagaste.

Estrella fugaz

 Zoe observaba cada noche el cielo, siempre habían apagado sus ganas de brillar, sembrando dudas en su camino. Sentía la presión pero sabía que no quería ser una estrella más. Una noche sus ojos se posaron en una pequeña estrella que tenía un brillo diferente a las demás. La estrella al descubrir su atenta mirada bajó del firmamento para acurrucarse en las manos que Zoe extendía frente a ella. Ambas se observaban en silencio, maravilladas  la una con la otra.  –Tienes un brillo especial en los ojos, quiero conocerte mejor. Háblame de tu maravillosa vida –le pidió la estrellita. Zoe se sintió avergonzada, pues no tenía nada interesante que contarle salvo sueños en su cabeza. –Soy sencilla, con muchos deseos–respondió– No soy especial como tú. –Yo tampoco lo soy. Simplemente soy una pequeña estrella en la inmensidad. –No, eres totalmente diferente a las demás. Tu luz es distinta. La estrella brilló con más fuerza entre sus dedos y con emoción respondió: –¿De verdad lo crees...

Colorines y el gorrión

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Colorines era un simpático pajarito que vivía feliz en su jaula. Así había sido desde que nació en un pequeño nido en la tienda de animales. Mía, su dueña, era muy amable y cariñosa. Además de tenerle siempre el cuenco lleno de pienso y darle agua fresca, le cantaba y hablaba con voz dulce mientras acariciaba sus plumas pasando sus deditos a través de los barrotes. Cuando llegaba el buen tiempo, dejaba su jaula colgada en la terraza, al aire libre. Colorines agradecía que lo sacara allí porque disfrutaba sintiendo la calidez del sol o el suave viento. También contemplaba el paisaje y llamaba su atención las enormes ramas de los árboles, eran inmensamente más grandes que las plantas que colgaban en la ventana junto a su jaula. A menudo observaba a los animales que estaban fuera. Se asustaba si escuchaba a algún perro ladrar y sentía que los gatos no eran sus amigos. Entonces veía a los pájaros. Palomas y gorriones volaban alto por el cielo, sin miedo a todo ese mundo extraño que el c...

Una hija

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 Una hija es un lienzo en blanco en el que das las primeras pinceladas pero el dibujo se construye solo, pareciéndose muchas veces a lo que habías imaginado y otras tantas siendo algo totalmente diferente pero que amas igualmente. Una hija es la llave a un nuevo mundo, del que te hablaban otras madres y no entendías porque aún no lo eras y del que opinan tus amigas sin hijos sin realmente saber la magnitud ante la que te encuentras. Porque cuanto más sabes, más eres consciente de lo mucho que te queda por aprender.  Porque cada paso que das, esconde inseguridad bajo su pisada firme pero te mantienes en esa postura para guiar a tu hija a través de su camino que comienza de cero.  Y con ella descubres la fragilidad del ser humano, la más pura inocencia por no haber tropezado aún con piedras en el camino y es entonces cuando descubres la gran importancia de tu papel en su vida. Porque contigo puede ser y se rompe al verte liberando lo que la aflige. Y tus miedos quedan a un ...